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Written by David Elvira   
Sunday, 13 January 2008 19:25

Hola... en las siguientes líneas les voy a contar un poco del viaje de mi novia Muriel y yo a Marruecos esta Semana Santa 2002... Preparen el Atlas... 

Celebré el viernes anterior a Semana Santa un tal 22 de marzo, mi cumpleaños, viajando por 26 h desde Madrid a Marrakech en el reino de Marruecos. En España pasamos por Marbella y salimos del puerto de Algeciras cerca de Gibraltar, en un ferry hacia Tanger. 2 horas y media en el estrecho más otras dos por lo menos entre la entrada y la salida. En el ferry una cola inmensa nos mantuvo ocupados la última parte del trayecto, ya que había que sellar el pasaporte para entrar en Marruecos. De tanger fuimos a Rabat, luego a Casablanca y luego a Marrakech. El norte de Marruecos es húmedo, en ocasiones es una mezcla de playas muy largas similares a las de higerote (Venezuela), pero sin árboles, y por el otro lado sembradíos parecidos a los de castilla.

En Marrakech, llegamos a las 2 o 3 de la mañana, tomamos un taxi y nos fuimos al centro de la ciudad antigua, dentro de la muralla, cerca de una plaza muy concurrida donde sucede literalmente de todo. A las 3 de la mañana era un hervidero de gente. Nos pusimos a buscar hotel, y nos metimos, después de preguntar como en 5 hoteles, en el primero que encontramos que no estaba completo. 140 Dirham(DH) = 14 €, la noche en una cama matrimonial y un baño, dentro de la habitación (todo un lujo), dos personas. Yo pensaba que era una mierda la habitación, hasta que después del Toubkal, nos quedamos en otro hotel más barato, el "Alí", por 40 DH por persona. Luego les cuento...

Al día siguiente, después de levantarnos, nos fuimos a ver la ciudad, las Mezquitas, solo por fuera, porque por dentro están prohibidas a los no musulmanes; alguno que otro antiguo palacio, el mercado, las callejuelas, los barrios, la residencia Real, las murallas, las plazas...

A todas estas, en Marruecos, se habla árabe, luego el Francés que es la segunda lengua oficial. Sin embargo, hay mucha gente que habla el dialecto propio marroquí, de antes de la invasión árabe, que es el Berber. Los Berberes son los primeros pobladores de que se tiene noticia en Marruecos. Esta lengua casi no se escribe actualmente, se escribe el árabe y el francés, la gente sobre todo la habla. Algunas personas saben Inglés, sobre todo en los hoteles, mercados y sitios turísticos, y otros pocos saben algunas palabras en español. Es decir, hola, amigo, barato, caro, alfombra, hotel, té, taxi, bus, comida... etc. Sobre todo se saben las palabras parecidas al francés. En el colegio se enseña árabe los primeros años y luego francés. No todos lo saben hablar, supongo que porque no todos han ido a la escuela.

Lo cierto es que o me ponía las pilas con el francés o iba a ser un perfecto inútil a la hora de por ejemplo, comprar o regatear algo.

Al día siguiente fuimos a la parada de "Grand taxi" que van hacia los pueblos de la montaña, al sur. Fuimos a Imlil a 60 km por 15 DH (el taxi del primer día, desde la parada de autobuses a la plaza principal costó 20 DH). Ya en Imlil tuvimos nuestra primera experiencia Berber. Salieron de la nada dos tipos simpáticos, hablando Español y Francés o lo que fuera necesario. Nos preguntaron hacia donde íbamos, les dijimos que a Asni, un poco más adentro de la montaña. Nos dijeron que los siguiésemos, que el autobus no salía todavía, y que a 200 m en el pueblo, nos invitaban a tomar un té en una casa Berber. Inocentemente fuimos, nos asombramos de la hospitalidad y simpatía de la gente. En la casa, después de tomar el té, nos mostraron algunas joyas que habían cambiado, para ver si estábamos interesados. Después de decirles que no, siguieron insistiendo, hasta que Muriel picó, y empezó a ver mucho tres brazaletes de plata con motivos diferentes, cada una representativa de una tribu Marroquí Tuarek, Nómada, y Berber... y empezó el regateo. 450 DH... três cher (muy caro)... 300... 200... Nos preguntan -Tienen algo para cambiar?. -No se nos ocurre nada. Luego de un rato, a Muriel se le ocurre que puede cambiar una camisa caliente, para poner debajo de la ropa, que le había costado 2 o 3 € en Francia (20 o 30 DH). 150 mas la camisa... 150 sin la camisa... 120... 100... se arrecharon, y empezaron a guardar las cosas. Hicieron un último intento. 80 con la camisa. -Muriel me miró con los ojos encendidos. Yo la verdad es que no tenía el más mínimo interés por las 3 pulseras. Le sonreí. Picamos. Luego todo el mundo sonrió. De hecho, corroboramos lo que le habían dicho a Muriel, cuando regateas y logras un buen precio, la gente te aprecia más, porque se dan cuenta de que no eres otro tonto. Unas fotos y de vuelta a la carretera. A esperar un autobus para Asni. Empezamos a aprender que cada vez que un marroquí te invita a un té, es porque te va a intentar vender algo, seguro.

Nos fuimos después de un rato en un autobus en el que no cabía un alma más ni en los pasillos ni en el asiento del conductor (iban dos personas), ni en nigún otro sitio más. Un tipo se pasó todo el trayecto agachado delante de la puerta corrediza de la parte de atrás. Otros 15 DH por unos pocos km más. O sea que el precio no iba por kilómetros, sino por viaje. Cada vez que te subías a algo eran 15 DH.

Llegamos a Asni por una carretera de tierra entre cañones y ríos pedregosos parecidos al río Boconó en los andes venezolanos. Como nos temíamos, estaba medio pueblo esperando el autobus y a los pocos turistas que iban en el. Al vernos con las mochilas, empezaron a ofrecernos mulas para llevárnoslas. La verdad es que no teníamos intención de utilizarlas (ignorantes nosotros), porque solo nos habían dicho que eran 5 horas, y eran las 10 de la mañana, teníamos todo el día para caminar al refugio. Esta apatía, sin quererlo, fue nuestra mejor arma. Empezamos a andar, con un tipo pegado al lado mío al que rechazaba porque la mula era muy cara 100 DH. Yo le decía que 60 o nada. Luego fueron 90, yo seguía testarudo. -80, -que no!. Me dijo 70 y Muriel me miró con cara de que aceptara, y después de pensarlo, acepté. Luego fue un chico a buscar la mula mientras que otro se quedaba con nosotros. Luego de una discusión, nos enteramos que el dueño de la mula no era el que nos la había ofrecido, y que no aceptaba lo que le iban a pagar, a sí que se encargó el dueño de llevárnoslas, y el otro chico, se fue arrecho para su casa. A medida que avanzábamos, nos dábamos cuenta de lo bien pagadas que estaban esas benditas mulas. Caminamos por unos desfiladeros que al principio pasaban cerca de pueblos de lo más pintorescos, luego por el cauce ancho y pedregoso del río que bajaba de las nieves, luego zig zag y luego al llegar a la cota de la nieve, el refugio. Cuadramos con el guía para que el día siguiente nos viniese a buscar. Le pagaríamos sus 140 DH a la vuelta, entre otras cosas para asegurarnos de que viniera y porque no teníamos ni el ni nosotros cambio de 200 DH.

El refugio estaba lleno de turistas, los únicos Marroquíes que habían eran cocineros, guías o guardianes del refugio. En general era bastante cómodo y confortable. Todos los precios estaban especificados en carteleras para evitar sobreprecios, lo cual fue una especie de descanso para nuestra mente regateadora y siempre a la defensiva. Aquí pagabas lo que decía y nada. No había forma de negociarlo. Nos habíamos llevado comida, por lo que nos pusimos a cocinar una pasta y una sopa de sobre en mi cocinita. No hay agua potable en los grifos, pero venden botellas de litro y medio a 12 DH. Yo las había regateado en el pueblo antes de subir a dos por 10 DH. jeje. La mayoría de los turista eran españoles y franceses. Sobre todo españoles por la Semana Santa y no solo en el refugio, sino en todo el país. Además son facilmente identificables. Siempre andan en grupos de más de 10 personas y hablando bastante más alto que el resto de la gente. Quizás lo más raro es que hubiese un venezolano (yo) en un sitio tan lejano. Todo el mundo decía que era la primera vez que un venezolano pasaba por ahí.

Al día siguiente nos fuimos a Uarzazat por 50 dirham por persona más 10 por el equipaje. Como éramos nuevos, en vez de 5 nos cobraron 10 y nos dejamos de lo más inocentes. Ese día ya empezaba a arrecharme, tener que estar siempre a la defensiva tratando de que no te cobren sobre precio. Bueno, el viaje, fue de lo más pintoresco. Íbamos a pasar la cordillera del atlas hacia el sur, lo que hacía presagiar un sin fin de curvas, y no nos equivocamos. A la media hora, el chofer se paró un buen rato en una cauchera. Al parecer tenía una rueda pinchada o desinflada. Hacía calor. Después de media hora, sin cambiar el caucho, partimos de nuevo. Al rato empezaron las curvas y los acantilados... una parada intermedia, y seguimos. Las montañas, estaban nevadas en su cima y áridas todo el resto. Solo había vegetación, como si de un río verde se tratase, en el cauce del río. A las dos o 3 horas, otra parada, ya a la salida de las curvas. Luego el paisaje cambió. Del otro lado de la cordillera, se extienden grandes valles cuyo único signo de vida está en los oasis que forma el escaso río Draa. Estos valles, llegan hasta Mahmid, que era nuestro destino final al día siguiente, al pie del Desierto. En este pueblo se acababa la carretera y los pueblos, ya no se podía ir más al sur, sino por las dunas... pero dejo esto para después. Llegamos a Uarzazat faltando una o dos horas para que anocheciera, y al bajarnos del autobús, como casi siempre, conocimos a alguien que nos dijo donde quedaba un hotel barato y nos preguntó que íbamos a hacer al día siguiente. Nos acompañó hasta la habitación del hotel y quedamos para vernos más tarde. Estábamos reventados del viaje y hambrientos, a si que ya no me acuerdo que hicimos antes si comer o ducharnos, y luego nos fuimos a ver unas ruinas de un antiguo palacio a las afueras de la ciudad, no haciendo caso a que nos habían dicho que estaba cerrado por las tardes (querían que nos quedásemos más tiempo). Resulta que esa ciudad, estratégicamente ubicada, está en la encrucijada de 2 valles. Esto la hizo ideal para que gran parte de las caravanas del desierto, pasasen por allí, e incluso pagasen al "Gobernador", para que los protegiese. Si no lo hacían, se exponían a un sin fin de vándalos. Las ruinas que fuimos a ver, eran a su vez, el centro de recaudo de impuestos y la casa del "Sultan". El tipo no vivía mal, tenía varias mujeres, agua caliente, masajistas, sala de vapor, hasta un sistema de comunicación eficaz para que sin gritar demasiado, toda la gente de la casa se enterara de lo que quería. Tomamos fotos, y pal hotel otra vez. Allí nos esperaba el chico que nos había recibido en la estación de autobuses, y a que no saben qué?... nos invitó a un té. Nos reíamos para nuestros adentros, porque sabíamos que algo nos iban a intentar vender. Un nuevo hombre, se presentó como guía oficial certificado de camellos (gran vaina, decía yo) y nos enseñó un montón de fotos de gente feliz subida en sus camellos. 450 dirham por persona un día y una noche de camello en el sitio más selecto de Mahmid. Pusimos cara de "No gracias". -Bueno, como son uds, hay un precio especial de fuera de temporada... bla, bla... 350 dh. -Ni loco. Demasiado caro. Gracias.- Entonces el tipo se arrechó y empezó a decirnos que no confiábamos en el y que se sentía ofendido. A mi me daba igual como se sintiese, pero a Muriel le molestó su actitud y se lo recriminó un buen rato.

El día siguiente, fuimos a la estación Primero fuimos hasta Zagora en un mercedes viejo 7 personas con el conductor, 20 DH (5 más que en el autobús, porque es un "lujo" ir en taxi apretujado. Luego nos metimos en un autobús lleno a reventar, rumbo a Mahamid, 15 DH. Al rato, el conductor se para, y uno de los chicos que estaban atrás parados y encorvados, pegados a la ventana, se bajó y se montó con el en la misma silla del conductor. Al principio no sabía quien aceleraba y quien frenaba, pero el autobús se movía. Nosotros íbamos privilegiados en el asiento de alante porque llegamos temprano al autobus. El tipo cada vez que se paraba se bajaban dos y se subían 4. No se donde se metían, y el conductor no hacía mas que lamentarse de su mala suerte. Al medio día llegamos a Mahmid y otra vez estaba todo el pueblito esperando el autobús. Salieron de la nada dos tipos vestidos de azul, como todos los nómadas y como estábamos hambrientos, nos condujeron a un lugar para que comiésemos algo. Nos esperaron, y luego... otro té. Más fotos de gente sonriendo en el camello, todos turistas occidentales. Nos ofrecieron varios planes, desde una caminata por el desierto, dormida en tienda nómada y regreso el día siguiente, hasta un "corto" paseo en dromedario de 3 horas, visitando unas dunas y dos pueblos cercanos. Nos decantamos por ésta última opción, que además incluía la dormida en la tienda nómada. No me acuerdo en cuanto empezó la disputa por el precio. Al final nos lo dejaban por 210 cada uno. Les dijimos, luego de meditarlo a solas que podíamos pagar 80. Nos dijeron que éramos peores que los Berberes (los que le vendieron las pulseras a Muriel). Que solo ensillarlos, y el guía costaban 100 DH... bla, bla. Lo bajaron a 150 y aceptamos. En una hora, estábamos montados en nuestros dromedarios dando un paseo a las dunas de cerca. Hacía frio, como 15º, y un viento fuerte, ya que ese día había tormenta de arena y no se veía nada a larga distancia. Aun así, nosotros como si nada, en nuestro Dromedario. Dimos el paseo, que al final se hizo un poco largo... y a descansar en nuestra tienda con techo de pelo de camello, en el sahara. No estaba mal. La luz la proporcionaban las velas y mi linterna. Dormimos en una colchoneta matrimonial en el piso, sobre una alfombra de mimbre.

Al día siguiente muy temprano nos fuimos de vuelta a Uarzazat y de ahí hacia Tinerhir, como 200 km al este sin pasar el atlas. El otro día vimos las gargantas de Todrá, una zona de escalada muy buena y amplia. Al día siguiente, empezamos a devolvernos y a 50 km al oeste en dirección a Uarzazat nos fuimos a otras gargantas, menos impresionantes. Luego de haber comprado una tetera, de haber embarcado a un vendedor de alfombras, de haber bebido ilegalmente agua ardiente de higo con un desempleado y un inspector de escuelas, a Marrakech. Tuvimos que quedarnos un día más de lo previsto por un cambio de horario súbito en nuestro día de regreso, y luego después de 10 días, a Madrid.

David Elvira 

 
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